El escritor gallego ingresó ayer en la Real Academia, donde ocupa el sillón «m».
Desde su propia experiencia de «imaginador de ficciones», José María Merino ofreció una lección magistral en su discurso de ingreso en la Real Academia Española -donde ocupará el sillón «m»-, sobre cómo la literatura sirve para desentrañar la «escurridiza» realidad, de modo que «la ficción construye una forma exclusiva de verdad».
«La buena ficción siempre resulta una revelación, mediante lo simbólico, de lo que la realidad esconde», dijo Merino, ayer por la tarde, ante el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, y ante los centenares de invitados que lo acompañaron en un día solemne para él, que cierra, «de modo inesperadamente grato», su trayectoria personal.
Este escritor, «uno de los incuestionables maestros del género breve», como luego lo definiría Luis Mateo Díez, lleva más de tres décadas alumbrando novelas y narraciones breves, y en su discurso, titulado «Ficción de verdad», demostró que conoce bien los secretos de su oficio, las dudas y retos a los que se enfrenta el escritor, y la pasión que siente por las palabras.
Merino (La Coruña, 1941) es uno de los grandes cuentistas de nuestras letras. Entre 1987 y 1989 ocupó la dirección del Centro de las Letras Españolas del Ministerio de Cultura. Desde 1996 se dedica solamente a la literatura. Su vocación literaria se inició en poesía, con la publicación de «Sitio de Tarifa», en 1972.
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