Saramago asiste en Castril a inauguración de un parque en homenaje a su obra.
Vestido con camisa a rayas, gorra, pantalones grises y zapatillas de campesino, Saramago no desentonaría en el banco de cualquier pueblo de España. Su inquietud infantil la demuestra observando con precisión un frasco de Aután; y su perfil de intelectual comprometido queda patente cuando se encuentra a Antonio Ortiz, del Grupo Independiente por Castril, que realizó en la pasada campaña un controvertido encierro para protestar por el presunto entubamiento del río Castril. "Hay que diferenciar lo esencial de lo anecdótico", le espeta el Nobel cuando el político se acerca a saludarle. Otra indirecta totalmente directa ante todo el auditorio reunido para inaugurar el Parque de las Pequeñas Memorias en homenaje al escritor portugués: "Hay que ser más consecuente". Ortiz, azorado, responde que viene a "defender mi río". "¿Es que es tuyo?", zanja Saramago.
Esta anécdota refleja el alto grado de implicación de Saramago con su pueblo adoptivo, Castril, localidad en la que nació su esposa Pilar del Río. Ahora, el pueblo es un continuo homenaje al escritor. Al llegar pasadas las 12.30 horas al parque para la inauguración, Saramago se detiene ante un cartel con un extracto de su discurso de recepción del Premio Nobel, La arboleda perdida de Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha, un canto a sus abuelos. El acto es bastante numeroso aunque también profundamente familiar; no en vano, arropan al escritor la mayoría de los catorce hermanos -con hijos y esposas- de Pilar del Río.
A continuación, requerido por el alcalde de Castril, Juan Mar, descubre la placa del Parque de las Pequeñas Memorias en su honor. Un gesto resume su estado emocional: con parsimonia, se golpea tres veces el corazón ante los aplausos de espectadores y familia. El recinto, ubicado en un antiguo vertedero, resume la lucha del escritor por el Medio Ambiente. Después, cumple una de las tres premisas que según la tradición debe realizar todo hombre: tener un hijo, escribir un libro -cumplido de sobra- y plantar un árbol. En este caso se trata de un cerezo y sus cuñados prometen venir a recogerle las cerezas.
A partir de aquí, el protagonismo recae en la madre de Pilar del Río, Carmen Sánchez, fallecida hace cerca de un año. En vísperas de su santo, la esposa del escritor bautiza el encuentro como "el día de la Carmen". Después, un recorrido por un sendero literario realizado entre el Ayuntamiento y la Consejería de Medio Ambiente hasta llegar a una placa en recuerdo a la madre de Del Río: "En memoria de Carmen Sánchez y su herencia de amor a Castril". Antes, el Nobel tiene que sortear el río pisando unas piedras que hacen la vez de puente. Y no se arredra. Cogido de la mano de su esposa y de un familiar, sortea el cauce con la solicitud que le caracteriza en toda la jornada. La misma con la que participa en la "romería Saramago" que tiene lugar en un camping cercano. Ante un plato de paella, cocinado por la asociación Biocastril de productos ecológicos, Saramago se permite bromear sobre los conciertos que tienen lugar estos días en Castril y que arrancaron ayer con Luis Pastor -que disfrutó de la jornada en la piscina pública-. "El año que viene traeremos a Pavarotti", ironiza ante la mirada de reprobación de su esposa. "¿No te gusta, es gordo?".
Bromas y arrumacos son recogidos por un equipo de la televisión portuguesa, que está preparando un documental sobre la estancia del escritor en Castril. Para mañana, además de la presentación de la Cátedra José Saramago, Juan Mar anuncia una gran novedad "que unirá aún más al Nobel con el pueblo". Mientras, el autor de Ensayo sobre la ceguera termina su paella en silencio.
Cercanía. El Nobel José Saramago inauguró ayer en Castril el Parque de las Pequeñas Memorias, un espacio construido en homenaje al escritor portugués que mostró su total implicación con el pueblo natal de su mujer